Es bien cierto que una gran parte de las vivencias se recogen en los boleros... Inevitablemente, lloramos. Lloramos por haberlos vivido... lloramos al pensar qué sería de nosotros sufriendo así... lloramos recordando algunos bailes, esos bailes irrepetibles y duraderos en la memoria.
¿Por qué duelen las cosas que no sabemos? ¿Por qué la incertidumbre puede resultar tan nociva? A veces, no reclamamos exclusividad en las experiencias. Sólo ansiamos ser especiales, únicos e insustituibles.
Es curioso, porque nadie nos enseña a amar y nadie pone a nuestra disposición un manual para comprender los mecanismo propios y ajenos de la mente. Es curioso, sin embargo que a pesar de los miedos... busquemos el amor incondicional, voraz y loco.
Es curioso, cómo a pesar de la vida... todos hemos llegado a reconocer y reivindicar, al menos, la letra de un bolero.
"Lo dudo, lo dudo, lo dudo, que tú llegues a quererme... cómo yo te quiero a ti. Lo dudo, lo dudo, lo dudo, que hayes un amor tan puro... cómo el que tienes en mi".
*Shhhhhhh.